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Mostrando entradas de septiembre, 2021

La monja alférez con licencia para viajar

  << Nací yo, doña Catalina de Erauso, en la villa de San Sebastián, de Guipúzcoa, en el año de 1595>>. Así empieza mi biografía, superior en aventuras a la de cualquier pícaro o mortal.  Me conozco y lo reconozco: he sido una mujer de rompe y rasga, no quise ni tuve que pedir permiso a nadie para hacer cuanto se me antojara.   A los cuatro años fui internada en un convento. A los 15, me fugué de allí, a plena luz del día, ataviada como un hombre. Tres años después, en Sanlúcar de Barrameda, me hice pasar por grumete en un galeón. Me embarqué en un viaje sin fin, no exento de riesgos, y rico en lances de resultado incierto. Ansié conocer el mundo. Recorrí, entre tempestades y motines sangrientos, Venezuela, Ecuador, Chile, Argentina, Perú. El mundanal ruido me llevó al interior de una cárcel, y de mi misma; llegué incluso a ser condenada a muerte en uno de los exóticos países que visité. Me libré de milagro, con encanto y algo de suerte. Luché, como un...

Conmoverse ante el vigor del alma española

A veces, me conmuevo con alguna frase de un libro que estoy leyendo. Y me deleito con ella. Según la RAE, conmoverse es moverse o emocionarse fuertemente, inquietarse. Comparto con vosotros, una de esas frases, que además, explica el significado del término conmoverse; apunta D. Von Hildebrand en el libro El Corazón que “conmoverse ante la belleza sublime de la naturaleza o del arte o de alguna virtud moral, como la humildad o la caridad, es permitir que penetre en nosotros la luz interior de tales valores y abrirse a su mensaje de lo alto; es una rendición que implica reverencia, humildad y ternura, más aún, la disponibilidad para dejarse conmover es una condición necesaria para la percepción seria y profunda de algunos valores como la pureza, la generosidad, la humildad, y la caridad”. A dichos valores añadiría la austeridad. Austeridad castellana que no se distrae con remilgos. Fortaleza española que resiste el paso del tiempo, los avatares y la tormenta. Cómo no conmoverse ante el ...

Despertar a la vida

 Vivimos en el famoso Estado del bienestar. Y, también, en la sociedad del cansancio. Entre el desgaste laboral o burnout y el exceso de información, de sensaciones, expectativas y requerimientos. Afrontamos  una riada de tal magnitud que nos acaba devorando por dentro, empujándonos a un estado de fatiga permanente. Nos aboca a la indiferencia de los sentidos y a un cinismo inducido para interpretar lo que nos rodea. Dicen que en el arte de vivir, tener rutinas es beneficioso, pero siempre que las mismas no sustituyan a la propia vida. Cuando todo se torna reglado, no hay lugar para respirar o para la sorpresa. Nos dejamos llevar por el piloto automático. Los sentidos se adormecen. Ante ello, estemos alerta, despertemos. Recuperemos la sensibilidad ante la vida y sus curvas o recovecos.  Con los sentidos sobrecargados, solo percibimos lo más lejano… mientras nuestra día se consume como el relámpago de una cerilla. Zarandeados por los acontecimientos y bombardeados por el ...