Top Gun: Maverick (2022)

 Hacía tiempo que no disfrutaba tanto en el cine. La película que nos disponíamos a ver, Top Gun, prometía, y no nos defraudó. Varias semanas después del estreno aguantaba en primera línea de batalla como los Rolling Stones: duros de pelar. Nada que ver con lo woke, que no resiste ni el temblor de un instante. El verdadero desafío, lo reaccionario, hoy, es lo que perdura, por su rareza.

Nada más comenzar, un sentimiento de nostalgia invadió la sala… El film cuenta con momentos entrañables como los que enlazan con la primera entrega (facilitados por el gran parecido entre los actores que interpretan a Nick "Goose" Bradshaw y "Rooster" Bradshaw), otros placenteros (y no solo por la escena de los pilotos jugando al rugby sobre la arena de la playa); hay incluso alguno divertido como cuando la estupenda Jennifer Connelly, embutida en un pantalón  blanco y un jersey azul de nudos, capitaneando el barco, le da a Pete "Maverick" (Tom Cruise), aviador naval condecorado: "la bienvenida a la marina", después de que aquél aprendiera a ajustar las velas. Todo ello con permiso de Kelly McGillis y el imborrable estilazo que la adornaba.

Jerry Bruckheimer se dejaba ver en los créditos, mientras la canción Won’t get fooled again de The Who (banda sonora de CSI MIAMI, serie del no menos legendario productor estadounidense mencionado anteriormente) se colaba de fondo en uno de los lances de la cinta, dándole un ritmo infernal. 
Adrenalina a tope con piruetas sin fin de aviones en el aire, ascensos y descensos vertiginosos, empujando los límites de los propios actores y de un público entregado desde el inicio. 

Tanto ajetreo para plantear la eterna pregunta, que ya se hizo el mismo Valentino Rossi, aunque en lo que a motos se refiere: ¿es el piloto o la máquina? Para responder a ese interrogante hay toda una trama, un camino que nos lleva humanamente más allá de lo razonable (aunque más de uno se haga cruces, o mejor, ponga cara de incrédulo) sin perder la esperanza en la meta final. Cualquiera que sea la que tenga o se ponga cada uno.

Además de contar con mucha acción, es una obra no exenta de bellos planos. Difícil es no disfrutar de las espectaculares aproximaciones del caza al portaaviones. Qué bien lo hacen los americanos. Como diría Julio Iglesias:  y lo sabes/n.

Hold my hand es la canción que sirve de final sostenido entre tanto requiebro. Deja poso acompañando a Val Kilmer, "Ice", que reaparece tras su enfermedad, o al recuerdo del tristemente fallecido Tony Scott, director de Top Gun: ídolos del aire en 1986. Otra vez viajamos en el tiempo y nos dejamos llevar por la nostalgia. Hablando de eso, se echa de menos alguna pasada por la torre de control, pero supongo que hemos madurado todos desde entonces.

Si no han ido, les animo a verla. No es de extrañar que esté arrasando en taquilla.

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