El poeta del asombro
Me gustaría presentaros a Jesús Montiel, un poeta granadino que como dice Rafael Narbona "escribe con esperanza. Cree en Dios y en la ternura". Para mí ha sido todo un descubrimiento la delicadeza con la que teje las frases en sus profundas y sinceras reflexiones puestas por escrito. Leyendo estoy su libro Lo que no se ve (el secreto es que consigue que veas).
En un estupendo artículo que extracto a continuación, nos describen al autor:
Montiel es el poeta del asombro, una mirada que no cesa de escrutar el mundo desde una ventana, feliz de poder contemplar el silencio de los árboles y el interminable coloquio de los pájaros.
Para él, la poesía no es una forma de huir de la realidad, sino una manera de habitarla. El poeta no quiere perderse nada. Su sensibilidad no cesa de cazar instantes. Sabe que la belleza anida en momentos que la sociedad desprecia. La intuición poética irrumpe en la espera, la enfermedad, la oración, la inactividad. Sufrir nos enseña a amar, nos hace crecer y, en algunos casos, nos da el canto.
Describe la escritura como un ejercicio de respiración que solo adquiere espesor y sustancia cuando nace de la autenticidad. Lo relevante no es lo que le pasa al yo, sino la vida, especialmente en los aspectos más insignificantes. El escritor es un testigo; su obra, un testimonio. Montiel confiesa que fue un niño introvertido. Gracias a la escritura ha podido llegar a los demás. Escribir le ha salvado del aislamiento. Admite que tiene «hambre de lectores». Le emociona que «una actividad solitaria desemboque en el encuentro». No exalta la inteligencia. Lo mejor del hombre no es el pensamiento, sino su capacidad de amar desinteresadamente.
El amor nos revela cuál es el verdadero hogar del ser humano. No es esa casa que nos resguarda del exterior, manteniéndonos alejados de la incertidumbre y el sufrimiento, sino la intemperie, donde llueve, hace frío y prolifera el peligro. En la intemperie nos espera Dios, invitándonos a viajar por el río de la vida. En el mundo actual, el hombre se ha parapetado en apartamentos. ¿Cómo podemos sortear los escasos metros cuadrados que nos confinan en una cotidianidad sin misterio? ¿Cómo podemos salir al encuentro de lo divino? Montiel practica la meditación conforme a la escuela de Franz Jalics, jesuita de origen húngaro, secuestrado y torturado durante cinco meses por el régimen de Videla. Para Jalics, la meditación es un camino de purificación donde nos desprendemos de las sombras y nos reconciliamos con nosotros mismos, aceptando nuestro verdadero yo, sepultado bajo máscaras que hemos fabricado para conseguir la aprobación ajena. Para Jalics, amar a Dios, a nuestros semejantes y a nosotros mismos forma parte de un mismo proceso y, para llevar a feliz término esa travesía, hay que atravesar territorios donde reinan las sombras. Cuando llegamos a esos tramos, no hay que desalentarse. Si retrocedemos, perderemos todo lo que hemos ganado. Solo perseverando podremos arribar al núcleo sano donde hallaremos el equilibrio necesario para seguir adelante. Se trata de «caminar en la presencia de Dios», señala Jalics, incurriendo en una perspectiva mística. «Dios existe –continúa-. Está dentro de ti, en tu presente, en la realidad que te rodea. En Él vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser. Nos habla no solo con palabras humanas, nos habla a través del silencio, a través del ser que no puede expresarse con palabras. Su palabra viva es la realidad misma.
Este poeta granadino habla en su obra Lo que no se ve, con delicadeza, de "abrir los ojos (trabajo de la Esperanza) como un acto tan antiguo como el hambre, edificado sobre la espera, levantado sobre el anhelo de algo mejor y menos escaso". Su libro es un diálogo consigo mismo, sus ideas y recuerdos:
"Haces lo mismo que el loco de Asís: todo el mundo veía sus harapos ignorando el tesoro que ocultaba en la caja fuerte de su corazón. Tú como Él, procedéis de un modo contrario a la Sociedad en la que todo el mundo ostenta sus triunfos y disimula sus fracasos, mete bajo la alfombra los defectos y airea aquello que puede ser aplaudido".
Concluye que "el Amor es un palacio en forma de gruta".

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