La ciudad de las damas


Teresa de Cartagena, nació en Burgos, en una familia de judíos conversos, aproximadamente en 1425. Puede que muchos no la recuerden, y otros tantos ni la conozcan, a pesar de que ha sido una gran mujer: la primera escritora en lengua castellana con nombre propio y la primera gran poeta mística de nuestras letras. 

Estudió en la Universidad de Salamanca- sí, han leído bien, una mujer, estudiando, en la Universidad de Salamanca, y en aquella época: qué escándalo-, abriendo el camino a Luisa Medrano, la primera mujer en enseñar en una universidad europea (precisamente en Salamanca) y a Beatriz Galindo, apodada La Latina, mujer de gran curiosidad que dominó el griego, el latín, estudió medicina, y a quien se debe el nombre del barrio castizo La Latina en Madrid. Una vez recuperen el aliento, continuaremos con nuestra historia: la de Teresa, y la de tantas otras mujeres, que para cambiar el mundo solo necesitaron mostrar su inteligencia, valentía o capacidad de sacrificio.

Muy pronto su vida quedó marcada por dos experiencias: su vocación religiosa y su sordera. La primera, la fe, le enseñó a llevar la segunda, su discapacidad, algo que, en realidad, fue un don porque le ayudó a aislarse del mundanal ruido, sobre todo, cuando este se reduce a puro chismorreo y crítica feroz. Conocemos poco de su vida, más allá de que nació, creció, vivió y murió; quiso ser monja aunque no estamos seguros de la orden religiosa de la que formó parte.

 Una vez expuesto el contexto, vamos a centrarnos en el texto, o mejor dicho en los textos porque escribió dos libros que han pasado a la historia. El primero de ellos titulado la Arboleda de los enfermos, es un tratado de espiritualidad que busca dotar de sentido al sufrimiento físico. Tuvo tanto éxito que, desde el principio, arreciaron las críticas: aquello no podía haber sido escrito por una mujer, tendría que ser una copia de una obra realizada por un hombre. Aún así, Teresa, continuó su tarea, haciendo caso omiso al bullicio formado a su alrededor, y se puso a escribir un segundo libro con el título de Admiración de las obras de Dios, que entra de lleno en la "querella de las mujeres", el debate cultural del momento - sí, también de aquel momento- sobre las distintas cualidades de hombres y mujeres, que es una firme defensa de la autonomía e inteligencia de la mujer.

 Teresa, Luisa, Beatriz, todas ellas estaban presentes o representadas en el gabinete de otra mujer pionera, la Reina Isabel de Castilla, en el palacio de Medina del Campo. Una vez dentro de la casa palaciega, detenemos nuestra mirada en el libro que hay sobre la mesa en la que la reina despacha sus asuntos: La ciudad de las damas, escrito por la poeta veneciana afincada en Francia Christine de Pizan, que sobre la base de mujeres egregias y con la ayuda de tres damas coronadas (la Razón, la Derechura y la Justicia) construye primero un edificio y luego una ciudad…  ¿Por qué no continuar?

 

 Concurso historia de pioneras en Zenda.

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